El Gobierno del Presidente Nayib Bukele mantiene como una de sus prioridades la revitalización de zonas con alto valor histórico y cultural que durante años estuvieron marcadas por la delincuencia y el desorden. Uno de los principales ejemplos de esta transformación es el Centro Histórico de San Salvador, un proyecto que inició durante la administración del mandatario como alcalde capitalino y que, una década después, confirma que esa visión ha sido clave para el desarrollo sostenible del país.
La directora general de la Autoridad del Centro Histórico, Adriana Larín, destacó que la intervención en esta zona no se limita a un solo sector, sino que impulsa una diversidad de rubros que generan desarrollo local y crecimiento económico.
Según explicó, la dinámica actual del Centro Histórico está abierta a distintos tipos de actividades productivas, entre ellas el comercio minorista y la manufactura menor. Subrayó que el proceso de recuperación no responde únicamente a fines turísticos o culturales, sino que contempla un enfoque integral de desarrollo urbano. En ese marco, informó que ya se trabaja el componente habitacional y que actualmente existen cinco torres de apartamentos en construcción.
Larín añadió que el rubro de vivienda se aborda desde múltiples perspectivas, más allá del turismo. Señaló que también se desarrollan proyectos bajo el modelo de cooperativas de ayuda mutua y que, hasta la fecha, se ejecutan seis proyectos del Ministerio de Vivienda con el apoyo de la cooperación italiana.
La funcionaria también resaltó el crecimiento sostenido del turismo en el Centro Histórico, al comparar las cifras con las de 2024. Detalló que durante la Semana Santa de 2025 se registró un incremento del 12 %, en el mes de agosto un 30 %, y durante toda la temporada de la villa navideña el crecimiento alcanzó el 80 %.
Este modelo de intervención urbana ya comienza a ser tomado como referencia tanto a nivel nacional como internacional. Ciudades como Zipaquirá, en Colombia, han mostrado interés en la experiencia salvadoreña, al evidenciar que la conservación del patrimonio histórico puede desarrollarse de forma paralela a la innovación económica.
La transformación del Centro Histórico de San Salvador no solo ha fortalecido la identidad histórica de la capital, sino que también ha generado nuevas oportunidades de empleo y ha sentado las bases para replicar este enfoque en otras ciudades del país y del extranjero.

