El Salvador registra un incremento sostenido en la esperanza de vida, superando los 75 años en 2025 y con proyecciones que la sitúan cerca de los 80 años para 2050, según datos del Banco Central de Reserva (BCR). Este avance no es aislado, sino resultado de una combinación de reformas en el sistema de salud, nuevas políticas públicas y cambios en el entorno social del país.
Desde la llegada del presidente Nayib Bukele al Ejecutivo, el sistema de salud ha experimentado transformaciones orientadas a fortalecer la atención y ampliar la cobertura. Entre ellas destaca la reciente aprobación de la Ley de Creación de la Red Nacional de Hospitales, que busca integrar y modernizar los servicios médicos para mejorar la calidad de atención a la población.
A esto se suma la implementación de políticas enfocadas en la primera infancia, como la estrategia impulsada por la primera dama, Gabriela de Bukele, “Crecer Juntos”, que articula acciones en salud, nutrición y desarrollo infantil temprano, reforzando la atención desde el embarazo hasta los primeros años de vida.
Uno de los cambios más significativos ha sido la entrada en vigencia de la Ley Nacer con Cariño en 2022, una normativa que transformó la atención materno-infantil en el país bajo un enfoque de parto respetado y humanizado. Esta ley garantiza derechos desde el embarazo hasta el nacimiento, promoviendo atención digna, lactancia temprana, acompañamiento durante el parto y mejores condiciones para el recién nacido.
Los resultados comienzan a reflejarse en indicadores concretos. Más de 69,000 bebés han nacido bajo este modelo, se ha reducido la mortalidad materna en un 26.8 % y se han fortalecido prácticas como la lactancia materna en la primera hora de vida, considerada clave para la salud neonatal.
Estos avances en salud pública están directamente vinculados con el aumento de la esperanza de vida, así como con la reducción de la brecha entre hombres y mujeres, que pasará de 5.9 años en 2025 a cerca de 4 años en 2050.
A nivel social, otro factor que incide en este indicador es el cambio en las condiciones de seguridad. La reducción sostenida de homicidios en los últimos años ha contribuido a disminuir la mortalidad por causas violentas, uno de los elementos que históricamente impactaba negativamente la esperanza de vida en el país.
Además, un entorno con menores niveles de violencia también influye en la salud mental y el estrés de la población, factores que, según diversos estudios internacionales, están directamente relacionados con enfermedades crónicas y calidad de vida.
En conjunto, la combinación de mejoras en el sistema sanitario, nuevas leyes enfocadas en la protección desde el nacimiento y cambios en el entorno social están configurando un nuevo escenario demográfico en El Salvador, donde vivir más años comienza a ser una realidad cada vez más tangible.

