El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, afirmó este miércoles ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que su país no se rendirá ante Estados Unidos, aunque aseguró que Teherán mantiene abierta la vía diplomática para buscar una salida al conflicto. Su intervención se produjo un día después del discurso del presidente estadounidense, Donald Trump, quien planteó la posibilidad de alcanzar un acuerdo con Irán o intensificar las acciones contra el país si no se llega a un entendimiento.
Pezeshkian acusó a Estados Unidos e Israel de haber atacado objetivos civiles durante el conflicto y rechazó las acusaciones de que Irán representa una amenaza terrorista. En uno de los momentos más tensos de su intervención, la delegación estadounidense abandonó la sala de la Asamblea General mientras el mandatario iraní mostraba fotografías de víctimas de ataques y cuestionaba las acciones militares de Washington. El presidente iraní también sostuvo que Teherán no busca desarrollar armas nucleares, pero defendió su derecho a utilizar tecnología nuclear con fines pacíficos.
Uno de los principales puntos del discurso fue el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte internacional de petróleo y gas. Pezeshkian sostuvo que no puede existir una situación en la que otros países se beneficien del paso marítimo mientras Irán enfrenta restricciones y presencia militar extranjera en la zona, y afirmó que la expansión del conflicto y el despliegue permanente de flotas consideradas hostiles no contribuirán a alcanzar la paz.
La posición iraní se produce después de que funcionarios de Teherán señalaran que el país estaría dispuesto a reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta el bloqueo sobre puertos y embarcaciones iraníes. Paralelamente, representantes estadounidenses e iraníes mantuvieron conversaciones indirectas en Nueva York mediante mediadores, aunque ambas partes mantienen diferencias sobre las condiciones para poner fin al conflicto.
El estrecho de Ormuz se ha convertido así en uno de los principales puntos de presión de la confrontación entre Washington y Teherán, debido a su importancia para el comercio energético mundial. Mientras Irán vincula su reapertura con una reducción de la presión militar estadounidense, Washington ha reclamado que el paso marítimo vuelva a abrirse como parte de una eventual solución al conflicto.
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