El Congreso de la República del Perú destituyó este martes al presidente José Jerí, apenas cuatro meses después de haber asumido el cargo, en un nuevo episodio de inestabilidad que vuelve a sacudir a Perú. La censura fue aprobada tras una serie de cuestionamientos por reuniones clandestinas del mandatario con empresarios chinos, lo que derivó en una de las siete mociones presentadas en su contra.
Jerí había llegado al poder tras la destitución de su antecesora, Dina Boluarte, y desde entonces enfrentó una creciente presión política. Aunque el presidente negó haber cometido delitos y calificó el escándalo —conocido como el “Chifagate”— como simples errores de forma, la sucesión de versiones contradictorias terminó por debilitar su defensa ante el Parlamento.
El caso se agravó tras la difusión de videos y fotografías que mostraban a Jerí ingresando de manera encubierta a reuniones privadas con empresarios investigados, algunos vinculados a presuntas redes criminales. El escándalo erosionó rápidamente su respaldo ciudadano, que pasó de un 58 % de aprobación inicial a una percepción mayoritaria de sospecha por corrupción, según encuestas nacionales.
Tras la destitución, el Congreso deberá elegir a un nuevo presidente legislativo, quien asumirá automáticamente la Presidencia de la República hasta el 28 de julio, fecha en la que tomará posesión el mandatario electo en los comicios de abril. Con esta nueva caída, Perú continúa atrapado en un ciclo de inestabilidad política que dificulta la gobernabilidad y la implementación de reformas de largo plazo.
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