Un momento sencillo, pero cargado de emoción, se vivió durante la tarde cuando un vigilante observó por primera vez un drone volando a corta distancia.
La escena, lejos de pasar desapercibida, estuvo marcada por la sorpresa y la alegría genuina del hombre, quien no dudó en sacar su celular para grabar y tomar algunas fotografías.
Con una sonrisa evidente y mirada curiosa, el vigilante buscó inmortalizar la experiencia. Su intención era clara: conservar el recuerdo y compartirlo con su familia y amigos, mostrando la emoción que le provocó ese encuentro inesperado con las nuevas tecnologías.
El momento se volvió especial por su sencillez, recordando que la felicidad no siempre está en grandes acontecimientos, sino también en los pequeños detalles del día a día. Una prueba de que las cosas más simples pueden alegrarnos el corazón y devolvernos la capacidad de asombro.

