Cuando la niña descubrió que su papá trabajaba en Iíneas eIéctricas subiendo y bajando postes altísimos, enfrentando tormentas y manejando energía peIigrosa no sintió miedo… sintió necesidad de protegeIo. Así que se puso manos a la obra y le creó unas alas.
Las dibujó, las recortó con cuidado, las pintó y se las entregó, diciéndole que así estaría más seguro cuando saliera a trabajar.
Desde ese día, cada vez que él se alista para otro turno, guarda esas alas en su equipo como si fueran parte del uniforme.
No lo protegen físicamente, pero sí en lo más importante: en el corazón. Porque su verdadera fuerza no está en los cascos ni en los arneses… está en el amor de su hija, que encontró la forma más inocente y hermosa de cuidarlo.
Y él, por supuesto, las lleva con todo el orguIIo del mundo.

