El mandatario salvadoreño Nayib Bukele se encuentra en Costa Rica como invitado especial para encabezar, junto al presidente costarricense Rodrigo Chaves, el acto simbólico de colocación de la primera piedra del Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (CACCO), una moderna prisión de máxima seguridad inspirada en el emblemático Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de El Salvador
Este proyecto, ubicado en los terrenos del complejo penitenciario La Reforma, en Alajuela, representa un paso clave en la estrategia de Costa Rica para enfrentar el aumento de la violencia ligada al crimen organizado, el narcotráfico y bandas criminales. El CACCO contará con capacidad para aproximadamente 5.100 privados de libertad, distribuidos en cinco módulos, y está diseñado para albergar a líderes de estructuras delictivas de alto riesgo, reos violentos, extraditables y aquellos que requieren medidas especiales de protección.
La iniciativa surge de una estrecha cooperación bilateral entre ambos países, fortalecida tras visitas recíprocas: Bukele recorrió la cárcel La Reforma en noviembre de 2024 y alertó sobre síntomas de criminalidad similares a los vividos en El Salvador, mientras que Chaves visitó el CECOT en diciembre de 2025 para conocer de primera mano el modelo salvadoreño. Los planos del CECOT fueron compartidos por el Gobierno de El Salvador para adaptar y desarrollar esta infraestructura.
El Presidente Bukele, símbolo regional de la lucha frontal contra las pandillas y el crimen organizado, participa activamente en el evento, destacando su experiencia en la construcción y operación del CECOT —la megacárcel más grande de Latinoamérica con capacidad para 40.000 internos— como referente para transformar la seguridad en la región.
La visita, que inició este martes con la llegada de Bukele al aeropuerto Juan Santamaría, incluye reuniones de alto nivel y ha generado amplio interés en ambos países, en medio de debates sobre la efectividad de modelos de alta contención para combatir la delincuencia. El CACCO busca no solo aumentar la capacidad penitenciaria, sino también aislar a los cabecillas criminales para reducir su influencia desde prisión.
Este acto refuerza la alianza estratégica entre El Salvador y Costa Rica en materia de seguridad, demostrando que la experiencia salvadoreña en la reducción drástica de la violencia puede servir de inspiración para naciones vecinas que enfrentan desafíos similares.

