Un importante hallazgo arqueológico ha salido a la luz en pleno entorno urbano de Antiguo Cuscatlán, donde un equipo liderado por el arqueólogo salvadoreño Carlos Flores Manzano descubrió un entierro humano prehispánico sepultado bajo capas de ceniza volcánica con más de mil años de antigüedad.
A diferencia de otros descubrimientos realizados durante obras de construcción, este hallazgo fue el resultado de una investigación científica planificada que buscaba documentar los antiguos asentamientos que permanecen ocultos bajo la actual ciudad.

Un entierro con profundo significado ritual
Los restos humanos fueron localizados a varios metros de profundidad, en posición decúbito ventral (boca abajo) y orientados hacia el denominado «norte maya», en dirección al volcán Picacho de San Salvador.
Según explicó Flores Manzano, esta posición podría responder a la cosmovisión de las antiguas culturas mesoamericanas, relacionada con el viaje hacia el inframundo y el tránsito espiritual después de la muerte.
Junto al esqueleto también fue encontrada una pequeña vasija de cerámica con forma de tortuga marina, pieza poco común que podría estar vinculada con creencias astronómicas mayas, donde este animal simbolizaba el viaje sagrado hacia el más allá.

La erupción volcánica preservó el sitio
El entierro permaneció protegido gracias a una antigua erupción de la entonces conocida laguna de Cuscatlán, cuyo material volcánico cubrió completamente el área y permitió conservar parte del contexto arqueológico.
Durante la excavación también fueron identificadas huellas de antiguos cultivos, posiblemente de yuca, cuyos restos fueron preservados mediante técnicas especiales similares a las utilizadas en el sitio arqueológico de Joya de Cerén.

Los restos serán analizados por universidades internacionales
Debido a la fragilidad de los restos óseos, especialistas del Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (MUNA) realizaron un proceso de encapsulamiento con yeso para garantizar su conservación durante el traslado.
Posteriormente serán sometidos a estudios de ADN, análisis isotópicos y evaluaciones paleopatológicas en colaboración con instituciones internacionales, entre ellas la Universidad de Harvard, la Universidad Sapienza de Roma y la Universidad de Viena.
Estas investigaciones permitirán conocer el origen del individuo, su alimentación, posibles enfermedades y otros aspectos de su vida hace cientos de años.

Una investigación que cambia la historia de Antiguo Cuscatlán
Carlos Flores Manzano ha dedicado más de una década a demostrar que, pese al crecimiento urbano de Antiguo Cuscatlán, el municipio aún conserva importantes evidencias arqueológicas bajo su superficie.
Los resultados de este descubrimiento fortalecen esa hipótesis y abren la puerta a nuevas investigaciones sobre la ocupación prehispánica del valle de San Salvador.
Una vez concluyan los análisis científicos y los trabajos de restauración, la osamenta y las piezas asociadas pasarán a formar parte de la colección permanente del Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (MUNA), donde podrán ser apreciadas por el público y la comunidad científica.

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