En la colonia 10 de Octubre, en San Marcos, tres artistas salvadoreñas están transformando las paredes de una comunidad que durante años estuvo marcada por la presencia de las pandillas. Patricia Vega, Marcela Alvarenga y Elizabeth Guardado utilizan pinturas, pinceles y aerosoles para cubrir antiguos grafitis asociados a la Mara Salvatrucha (MS-13) con murales de pájaros, flores y paisajes llenos de color.
La comunidad, ubicada a unos 10 kilómetros de San Salvador, fue durante años un territorio donde las pandillas imponían sus reglas y restringían el ingreso de personas ajenas a la zona. Las tres muralistas, quienes crecieron en Mejicanos, también recuerdan las limitaciones y los temores que enfrentaban las mujeres en espacios afectados por la violencia, así como las advertencias familiares para evitar determinados lugares.
La colonia 10 de Octubre fue intervenida en 2024 mediante un operativo de seguridad que dejó cientos de capturas. Desde entonces, policías y militares mantienen presencia permanente en el sector. En ese contexto, las paredes que antes exhibían símbolos de las estructuras criminales comienzan a convertirse en espacios de expresión artística y convivencia comunitaria.
Una de las intervenciones más representativas consiste en cubrir un antiguo grafiti que identificaba a la clica Hollywood, vinculada a la MS-13 y que dominaba la zona. Sobre esa pared, Elizabeth Guardado aplica pintura verde para borrar las marcas de un pasado violento. Para las artistas, estos cambios representan más que una renovación visual: son una oportunidad para contribuir a la reconstrucción de una comunidad y recuperar espacios que durante años estuvieron asociados al miedo.
Las tres jóvenes llegaron a la colonia como las primeras mujeres invitadas a intervenir sus paredes por PigmenTrip, un colectivo que promueve la transformación de comunidades mediante el arte urbano y la inclusión social. Guardado considera que participar en este proyecto también le permite romper barreras y demostrar que las mujeres jóvenes pueden ocupar espacios en los que históricamente han tenido poca representación.
Además de los desafíos relacionados con la violencia, las muralistas señalan que las mujeres todavía enfrentan obstáculos dentro del mundo artístico, donde con frecuencia son relegadas a papeles secundarios, como musas o ayudantes de artistas hombres. También advierten que el acoso continúa siendo una dificultad, por lo que consideran importante abrir caminos para que nuevas generaciones puedan desarrollarse profesionalmente.
Por su parte, Marcela Alvarenga busca que sus obras inspiren a las niñas de la comunidad. En uno de sus murales representa a una pequeña aprendiendo a pintar figuras de colores, una imagen con la que pretende transmitir que las mujeres pueden crear, enseñar y construir sus propias oportunidades. Así, las paredes de la colonia 10 de Octubre se convierten en un símbolo de transformación, donde el arte busca reemplazar las huellas de la violencia por imágenes que invitan a imaginar un futuro diferente.
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